Promoción del 99
El mes pasado me llegó una notificación de Facebook, indicándome que mis compañeros de curso se iban a reunir. ¡Hace tanto que nos los veo! Comienzo a ver los perfiles de los invitados, hay algunos que pude reconocerlos fácilmente ya que no han cambiado nada, pero a otros nos los recuerdo.
Lo primero que hice fue confirmar mi asistencia, creo que será entretenido volver a verlos ahora que ya estamos grandes y saber que fue de cada uno de ellos. Cuando por fin llegó el día, nos reunimos en la casa de Marcelo. Él fue quien organizó el evento y se encargó de todo, nosotros sólo pusimos la cuota. Somos la "Promoción del 99". De los 45 alumnos que éramos llegamos 22. Ya que algunos, ya no viven en la ciudad y otros por trabajo no pudieron asistir.
Fue muy emocionante volver a verlos a todos. Recuerdo que nos fundimos en un abrazo gigante con Raúl, mi compañero de banco y aventuras ¡hace tanto que no lo veía! Me contó que está divorciado por segunda vez y que aún vive en el mismo barrio.
Estábamos todos alrededor de la parrilla en un buen asado, cuando llegó ella...Jessica Martínez. Me sorprendió mucho al verla. Todavía tiene la misma sonrisa, que para mí época de colegio era la sonrisa más hermosa de todas. No sé si seré yo, pero la veo tal cual la veía cuando éramos muchachos. Ella se acercó a todos los que estábamos ahí y nos saludó con mucha efusividad.
Después de un rato se armaron algunos grupos cada uno recordando todas las anécdotas que pasamos cuando estábamos en el colegio. De repente veo a Jessica, está hablando por teléfono en un rincón. Puedo notar en su cara un poco de rabia y frustración. Al cortar me acerco a ella y veo que una lágrima en su mejilla y le pregunto:
- ¿Todo bien?
Ella no me dijo nada, sin más, me dio un abrazo y rompió en llanto. Yo hice lo propio y la abracé para contenerla. No sabía que le pasaba, pero ella no paraba de llorar. Nos quedamos así, abrazados, en completo silencio.
Cuando ella se incorporó me dice:
- Discúlpame por el espectáculo, pero ¡me da tanta rabia!
- ¡Por mí no te preocupes! Si quieres, me puedes contar para desahogarte.
- Todo es por culpa de mi ex marido. ¡Siempre hace lo mismo! y logra descomponerme así.
- Pero, ¡no permitas que te afecte! ¡Tú ya no estás con él!
- ¡Es lo de siempre! Este fin de semana le correspondía cuidar de Matías, nuestro hijo. Pero el muy desgraciado, me acaba de decir que me lleva al niño a la casa, porque a le salió algo "urgente"
- Que te puedo decir, tal vez, sí le salió algo urgente.
- No lo creo, porque la última vez que salí hace 8 meses me hizo exactamente lo mismo y sólo fue para que me devolviera, no tenía ninguna urgencia y me empieza decir que quiere volver conmigo. Pero yo no quiero; ya no quiero tener nada con él. Lo malo es que la última vez casi me pega.
- ¿Si quieres yo te puedo acompañar? ¡No tengo problema en eso!
- ¡No! ¡No te preocupes! No quiero arruinarte la noche.
- ¡De verdad tranquila! Prefiero ayudarte.
- ¡Bueno! Llamaré al taxi.
- No es necesario, vamos en mi auto.
Nos despedimos de todos y nos fuimos a su casa. En el camino me contaba que su ex marido le ha levantado la mano en otras ocasiones. Eso siempre le pasa cuando el bebe, se transforma y por la llamada pudo deducir que otra vez estaba ebrio.
Cuando llegamos a la casa de Jessica, el ex marido aún no llegaba. Me invitó a pasar y me ofreció algo de tomar. Yo estaba sentado en el living, cuando llegó golpeando muy fuerte la puerta. Inmediatamente me puse en estado de alerta. Para cuando ella abrió, él de un solo empujón la dejó sentada en el suelo. Venía como un perro furioso y de la mano del muchacho.
En ese momento me acerque a la puerta, levanté a Jessica y le dije:
- ¡Amigo! Será mejor que te vayas, ¡mira todo el desastre que estas provocando! ¡y en frente de tu hijo!
- ¡Cállate! ¡No te metas donde nadie te ha llamado! ¡Este es un problema entre mi mujer y yo!
- Hasta donde yo sé ella ya no es tu mujer. Así que por favor te voy a pedir que te vayas.
- ¿Y quién diablos eres tú?
- ¡Eso no importa! Por favor te pido que te vayas ¡ya!
- ¡Nadie me da va a dar órdenes en mi casa! ¡Y menos un pelotudo como tú!
En ese momento ya un poco molesto con el tipo, lo tomo de los brazos y lo empuje hacia la salida. No sé cómo, pero ambos terminamos en el suelo. Jessica mandó al muchacho a su habitación y le dice:
- ¡Por favor Carlos! ¡Ándate! ¡Ya me arruinaste la noche! ¿Qué más quieres de mí?
¡El muy imbécil le dio una bofetada en la cara! ¡Y yo me fui encima de él con todas mis fuerzas! Lo saque de la casa y le di una paliza que va a recordar por mucho tiempo. Uno de los vecinos que advirtió la situación, llamó a la policía, que por primera vez en mi vida llegaron en tiempo record. El vecino les indicó que Carlos, el ex marido de Jessica, era la persona que estaba haciendo el escándalo. El policía le tomo los datos a Jessica y la dejó citada para el día siguiente. Le dijo que debía realizar la denuncia por agresiones.
Cuando entramos a la casa Jessica nuevamente estaba llorando. Me abrazó y lloró en mi pecho, ¡pobre mujer! La vi muy indefensa.
Al rato le di un vaso con agua para que se pudiera calmar. Me pidió disculpas, nuevamente, por todo lo sucedido.
De un momento a otro, sin darme cuenta, estábamos besándonos en el living de su casa. Me acordé cuando estábamos en el colegio. ¿¡Cuántas veces soñé con besarla!? y ahora ¡está sucediendo!
Estaba muy embobado con la situación y empecé a tocarla un poco más atrevido. Le toque sus nalgas por sobre la falda. ¡La sensación fue exquisita! De un momento a otro ya tenía mis manos en sus senos. Podía sentir su piel. Ella comenzaba a excitarse, cuando me comenzó a besar el cuello.
Nos fuimos a su habitación. ¡Nos comíamos la boca! ¡Mis manos no dejaban de tocarla! Y comencé a quitarle la ropa. Ella también comenzó a desnudarme. Primero la camisa...luego los pantalones. Estando ya en la cama desnudos, yo seguía tocándola. Empecé a pasar la mano por el monte de Venus, vi que se estremecía. Por primera vez dejó de besarme. Introduje un dedo en su vagina ¡Estaba muy mojada y excitada! ¡Yo estaba como una piedra! Tenía el pene muy erecto, cuando siento sus manos en mi miembro. La sensación de sus manos fue extrañamente maravillosa. Ella me masturbaba al mismo ritmo que yo le introducía, no un dedo, si no ¡dos! en su vagina.
Ella estando de espalda a la cama empecé a besarle el cuello y bajar hasta sus senos. ¡Esos maravillosos senos! Lo que más me llamó la atención fue su olor, ¡que fragancia más exquisita! Después de comerle sus senos, con muchas más ganas, baje; muy lentamente, desde su vientre hasta llegar a su vagina... ¡Su mojada vagina!
Estaba muy mojada. Su sabor era exquisito, pude sentir un dulzor. Ella sólo se estremecía cada vez que pasaba mi lengua por su clítoris. Mis manos las tenía en sus caderas y le apretaba cada vez más duro.
Cuando terminé, ella me volvió a comer la boca. Siempre pensé que sus besos serían así. Muchas veces fantaseé con ella. Creo que mis primeras pajas fueron pensando en cómo sería y ahora la tengo desnuda, caliente y con su mano mi pene... ¡listo para introducirlo en su vagina!
Ella después de un rato se puso sobre mí. Sus tetas quedaron justo a la altura de mi boca, así que mientras la penetraba se las comía.
Cuando ella intensificó el ritmo, para llegar al orgasmo, yo empecé a pensar en otras cosas... ¡no quería irme antes que ella! Quería que ese momento durara mucho más. Pensaba ¡nunca más en la puta vida, voy a tener esta oportunidad de nuevo!
Llegamos juntos al orgasmo. ¡Fue muy intenso! Ella después de acabar, rompió la conexión y bajo rápidamente y me dio una mamada. Para mí fue un placer inmenso. En un momento, pensé que llegaría a la locura.
Después de recuperarnos y con la respiración más normal sacó un cigarrillo y me pregunta:
- ¿Por qué nunca te acercaste en el colegio? Yo sabía que te gustaba, pero nunca lo hiciste.
Me sorprendió con su pregunta y le respondo:
- Jessica, es verdad me gustabas mucho, pero siempre te vi inalcanzable.
- ¡Tú también me gustabas mucho! Siempre esperé que me hablaras y ¡Ahora por fin estoy cumpliendo mi deseo!
Cuando estaba en el auto de regreso a casa, pensaba: ¿¡Cómo nunca me di cuenta que ella sentía cosas por mí!?...la respuesta tendrá que esperar, ahora sólo debo pensar en lo que voy a decir en mi casa...¡son las 10 de la mañana!